Revolución tecnológica: ¿Adiós al empleo humano?

Mucho se dice de la tecnología, pero es poco comparado a la rapidez de su evolución. Este ritmo acelerado ha implicado que se automatizan procesos antes realizados por humanos, lo que conlleva a que la mecanización haya impuesto un nuevo miedo que desde hace décadas se había mostrado infundado: ¿podrán las máquinas hacer desaparecer al empleo humano? La respuesta clásica a este tipo de preguntas ha sido, la mayoría de las veces, bastante optimista: la mecanización lleva ya dos siglos sustituido trabajo humano por máquinas, pero este proceso no ha tenido como consecuencia un mayor nivel de desempleo, sino todo lo contrario: una mayor ocupación junto con un crecimiento generalizado del bienestar. Aunque también está bien especificar que algunos expertos en el tema como los profesores del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, han comenzado a argumentar que estas dinámicas podrían estar cambiando, y que la aceleración de la innovación puede llevar consigo una destrucción permanente al empleo humano.

Hace muchos años atrás existieron muchos movimientos de organizaciones que arremetían contra la mecanización, y sin duda el más relevante, fue el movimiento ludita surgido en Inglaterra a principios del S. XIX y formado por obreros de la industria que veían cómo sus trabajos pasaban a ser realizados por máquinas. Los luditas manifestaban sus quejas en una sociedad poco acostumbrada a que la innovación destruyese puestos de trabajo.

Aunque muchas veces existía el miedo y recelo a la mecanización, esto nunca ha abandonado al ser humano, ya que los dos siguientes siglos trajeron un escenario muy distinto al temido por los obreros de la industrialización: la mecanización fue sustituyendo las tareas más repetitivas y penosas, liberando esfuerzos que pasaban a aplicarse a nuevas tareas con un mayor componente de abstracción y creatividad. Las maquinarias nuevas sirvieron como complemento del esfuerzo humano -ya que eran humanos quienes concebían, diseñaban, fabricaban, operaban y reparaban dichas máquinas-, y los salarios de los trabajadores aumentaron sostenidamente por primera vez en la historia. Ignorando todos los argumentos de los luditas, la mecanización impulsada por la innovación había conseguido sacar a la mayor parte de la población de su perenne situación de subsistencia.

Adiós al empleo humano

Adiós al empleo humano

¿Qué trae consigo la liberación del trabajo?

Hubo muchos nacimientos de empleos que surgieron a través del crecimiento de incontables industrias antes inviables, como la educación y sanidad universal o la industria del entretenimiento. Así como también hubo muchas consecuencias transcendentales como la revolución sociológica más importante del S.XX: la liberación de la mujer y su incorporación al mercado laboral. Esto debido a que aunque a principios del siglo pasado, las labores del hogar requerían el trabajo completo de una persona de la familia y la mayoría de los empleos tradicionales necesitaban un alto componente de fuerza física, lo habitual en la mayoría de familias era que el hombre trabajase fuera de casa y la mujer se quedara como ama de casa atendiendo todas las necesidades del hogar. Es a mediados de ese siglo cuando nace una nueva era de avances que reducen considerablemente el tiempo necesario para atender un hogar: agua corriente, nuevos productos químicos para la limpieza, lavadoras, aspiradoras, pañales desechables, leches de fórmula para lactantes, neveras y un largo etcétera hacen posible cubrir las necesidades domésticas con una fracción del tiempo anterior. Según la perspectiva ludita, el resultado de estas innovaciones habría sido un paradójico desastre, ya que la función de la mujer se tornaría innecesaria.

Revolución tecnológica permitirá decir adiós al empleo humano

Revolución tecnológica permitirá decir adiós al empleo humano

Ocurrió todo lo contrario, en realidad: gran parte de las mujeres, liberadas de la dureza de las tareas clásicas del hogar –piense en el esfuerzo necesario para caminar hasta el río para lavar la ropa de la familia a mano, pañales incluidos, atendiendo simultáneamente a varios hijos sin carritos para bebés-, comenzaron a incorporarse a un mercado de trabajo antes casi exclusivo de hombres, así que todos esos nuevos empleos creados requerían cada vez menos fuerza física y más capacidad intelectual, lo cual equiparaba por fin en oportunidades a hombres y mujeres.

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