¿Qué significaría un proceso de dolarización?

Todo país está en el derecho de elegir su sistema cambiario, que es un régimen de relación entre el valor de la propia moneda nacional y el valor de las monedas de otros países. Pero no es tan sencillo como parece, esta decisión suele ser la más difícil que cualquier país pudiera enfrentar, debido a lo complejo que se ha vuelto con el paso de los años, ya que las integraciones en el comercio internacional y en los mercados de capital mundiales han ido cambiando considerablemente.

Desde siempre han surgido problemas que conllevan a que surja este proceso como el que debería resolver todo el problema de una nación en el determinado contexto en el que se encuentre, debido a que “la dolarización plena” resulta como la opción de cambio más consistente en el abandono oficial por parte de un país de su propio patrón monetario y la adopción del dólar estadounidense (US$) como moneda de curso legal, es decir, recurrir a este proceso implicaría que todas las cuentas y deudas, públicas y privadas se transformen en la moneda oficial estadounidense. Por lo que para llegar a esta decisión es necesario que el empleo extraoficial del US $ que observamos en muchos países en desarrollo o en algunas economías en transición al libre mercado sea consistente.

La mayoría de las veces el proceso conocido como “dolarización parcial” nace como un modo natural en respuesta a una inflación elevada, que eleva el costo de utilizar la propia moneda en las transacciones diarias, o frente a la inestabilidad económica del país, que lleva a los ciudadanos a buscar la protección de sus activos ante una eventual pérdida de valor de la moneda nacional.

¿Cuáles son las ventajas de un proceso de dolarización?

En un país donde la devaluación de la moneda nacional es demasiado inestable, el proceso de dolarización se vuelve un aliado ya que se elimina el riesgo de que se reduzca la prima de riesgo que éste paga sobre los empréstitos del exterior. Aunque esto signifique tasas de interés más bajas tanto para el Gobierno como para los ciudadanos, también implicaría que se reduzca la deuda pública, permitiendo así que los recursos estatales se utilicen para otros fines más productivos, y las menores tasas de interés animan a empresarios y consumidores a endeudarse, logrando que se fomente el crecimiento económico del país, en un entorno además de mayor estabilidad en los movimientos internacionales de capital.

Si miras a futuro, el proceso de dolarización en una economía diferente permitiría limitar su exposición a crisis monetarias y de balanza de pagos, ya que elimina la posibilidad de una fuerte depreciación o de una devaluación, se reduce el temor de una salida masiva de capital. Por ejemplo en Argentina una perturbación de este tipo afecta gravemente a la estabilidad económica del país y, en muchos casos, acaba forzando la libre flotación de la moneda.

Además el proceso de dolarización permite que el país no tenga que “monetizar” el déficit público, es decir, pierde la capacidad –peligrosamente inflacionista– por lo que no tendrá que fabricar billetes para financiar el desequilibrio de sus cuentas, este proceso reforzará más bien la estabilidad de su sistema financiero, creando mejores condiciones para la inversión nacional y extranjera, y con ello sienta las bases para un mayor crecimiento futuro.

Nos preguntamos qué significaría un proceso de dolarización

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¿Cuáles serían las desventajas de un proceso de dolarización?

La mayor desventaja y, en realidad, la que más cuesta para un país es que, al adoptar el dólar como su moneda legal, le está cediendo la soberanía monetaria y su política económica y cambiaria a otro país. La Reserva Federal, el banco central estadounidense, no se opone en general a la dolarización de terceras economías, pero sí advierte que sus decisiones respecto a la cantidad y el precio del dinero de ningún modo tendrán en cuenta esa circunstancia. Así, ante una crisis de confianza que llevara a una retirada súbita de depósitos bancarios, las autoridades del país que dolariza no podrían garantizar la totalidad del sistema de pagos ni respaldar completamente dichos depósitos bancarios. El país pierde además el tipo de cambio como instrumento fundamental de política económica exterior, sometiendo parte de su competitividad vía precios a la evolución del US$.

En segundo lugar está la desventaja de que el país pierde de una vez los llamados “ingresos de señoreaje”, es decir, las utilidades que recibe el banco central del país como resultado de su exclusiva en el derecho a emitir billetes, considerados como títulos de deuda que no devengan intereses, así que considerando esto el coste económico de esta renuncia a emitir una moneda propia puede ser considerable y permanece en el tiempo mientras dure la dolarización.

El tiempo que pretenda durar esta medida es, sin duda alguna, uno de los principales inconvenientes de la dolarización, ya que derogar este decreto o esta decisión es muy difícil de lograr en términos económicos y de confianza. Esta irreversibilidad práctica es por otra parte la que otorga las ventajas del incremento en la credibilidad internacional del país. Por último, pero no menos importantes, es que tenemos que tener en cuenta que la moneda nacional no es solo un símbolo del sistema cambiario, si no que nos representa en el mundo como nuestra identidad nacional, al que no toda la población está dispuesta a renunciar. La posibilidad de resistencia política a la medida es un elemento perturbador muy a tener en cuenta en las economías a las que nos estamos refiriendo.

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