Gananciales o separación de bienes

Conozco a varias parejas que están planificando su boda y en estos días están pensando el régimen al que quieren acogerse. En términos generales y dejando aparte las costumbres existentes en determinadas regiones del país, la duda estriba en saber que será más beneficioso para la futura economía: gananciales, separación de bienes o el menos conocido, régimen de participaciones.

No es que mis amigos estén planteándose qué pasara si se enfrentan a un posible divorcio. En realidad, ninguno de ellos tiene tanto dinero como para preocuparse ante la posibilidad de enfrascarse en un divorcio multimillonario, a la usanza de los que todas las semanas las estrellas de Hollywood nos presentan en las revistas del corazón. Es más bien cuestión de ser prácticos y llegar a algunos acuerdos básicos que nos ahorren problemas futuros.

No es un tema que deba decidirse a la ligera puesto que las repercusiones económicas y fiscales que tiene son muy importantes. Por ello, vamos a hacer un breve repaso a las posibilidades que nuestra legislación nos ofrece.

Régimen de gananciales

Hasta no hace demasiado tiempo, la mayoría de los matrimonios se decidían por un régimen en gananciales, sin plantearse ninguna otra opción. Bajo esta alternativa, los bienes de ambos se convierten en comunes, al igual que las ganancias o beneficios obtenidos por cualquiera de ellos, pasando a repartirse al 50% en caso de divorcio.

Esto no implica que todos los bienes correspondan a partes iguales a la pareja. Existen los considerados bienes privativos que son aquellos que pertenecen únicamente a cada uno de los cónyuges por separado antes de comenzar la sociedad, tales como objetos personales, viviendas adquiridas antes del matrimonio, los instrumentos necesarios para tu trabajo, cuentas personales, o bien, los que obtengas después de casarte como las herencias,…

Ten en cuenta que las deudas de uno de los cónyuges se pagan con los bienes de ambos, estableciendo un criterio solidario, lo que puede ser muy perjudicial en determinadas circunstancias.

Separación de bienes

En este régimen se establece una diferenciación entre los bienes del patrimonio que se consideran bienes privativos del marido y aquellos bienes privativos de la mujer, de manera que a cada cónyuge le pertenece la propiedad y disposición de sus propios bienes. Únicamente un bien corresponderá al 50% a cada cónyuge, si no es posible acreditar a quien de los dos pertenece.

Lógicamente, en caso de divorcio, el más perjudicado es el cónyuge que carece de ingresos, pero por el contrario, presenta la ventaja de que cada uno sea responsable de sus propias deudas.

Separación de bienes

Separación de bienes

Régimen de participaciones

Esta posibilidad es una gran desconocida para la mayoría de los ciudadanos, sin embargo, es conveniente tenerla en cuenta a la hora de decidirse, puesto que aporta una serie de ventajas importantes.

En este sistema cada cónyuge dispone libremente de los bienes que tenían antes de celebrar el matrimonio al igual que los que obtenga posteriormente, aplicando normas similares a la separación de bienes. Pero, la diferencia estriba en que si llegan a divorciarse, cada cónyuge adquiere el derecho a participar en las ganancias obtenidas por el otro durante el tiempo que hayan estado casados.

Esa participación genéricamente se calcula con base a la diferencia obtenida entre el patrimonio final y el inicial, de tal forma, que independientemente de que sólo haya generado beneficios el patrimonio de uno de los cónyuges, el otro tiene derecho a la mitad de lo generado. Aunque también es posible pactar un sistema de participación con una cuota diferente al 50%.

En cualquier caso, independientemente de la decisión que tomes, posteriormente podrás modificarla con la firma de capitulaciones ante un notario. Son aquellas en las que los que se van`a casar o los que ya están casados crean, modifican o sustituyen el régimen económico de su matrimonio.

Para que sean válidas han de inscribirse en escritura pública, tanto en el Registro Civil, como en el Registro de la Propiedad y en el Registro Mercantil (en el caso de que alguno de los cónyuges sea comerciante), con el fin de que el sistema económico y cualquier tercero involucrado en sus bienes tenga conocimiento de estos pactos.

En fin, estas son las alternativas. Antes de decidirte, intenta valorarlas, a ser posible, con ayuda de la razón y no del corazón.

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